
Es cada vez más evidente que el diálogo entre Belgrado y Pristina pase del técnico al nivel político. La Unión Europea y EE.UU. están trabajando en ello desde hace varios meses. Pero, aún se desconoce si el formato “político” sobreentiende también las negociaciones sobre la cuestión del estatus. Escribe Ivana Subasic.
Si bien recordamos, la cuestión de izar el diálogo a un nuevo nivel, político, fue promovida por el presidente de Serbia Tomislav Nikolic durante su primera visita oficial a Bruselas. Las señales que dirige estos días la Unión Europea están vislumbrando que la propuesta de Nikolic encontró “las puertas abiertas”. “Belgrado está preparado para negociar a un nuevo nivel, siempre y cuando se abran los temas políticos”, declaró el pasado miércoles el jefe de la Diplomacia, Vuk Jeremic, después de la reunión con la alta representante de la Unión Europea, Catherine Ashton.
A primera vista, el giro experimentado en el acceso al problema kosovar representa una verdadera sorpresa. El diálogo técnico, a pesar de los acuerdos alcanzados, no ha creado el ambiente propicio para su aplicación. En vez de facilitarles la vida a los ciudadanos, los acuerdos de “Bruselas” conllevaron al bloqueo de las negociaciones y a mayores tensiones en Kosovo y Metohia. Por otro lado, en el orden del día del diálogo se encontrarán temas aún más complejos como el de la energía y telecomunicaciones y otras cuestiones relativas a la propiedad. Según datos del Ministerio para Kosovo y Metohia, por catastro el 58 por ciento de las tierras en Kosovo y Metohia pertenece a propietarios serbios, mientras que el valor de la propiedad usurpada se calcula en más de 50 mil millones de euros.
Mediante la privatización ilegal, que están llevando a cabo las instituciones provisionales de Pristina, también se ha usurpado la propiedad del estado de Serbia la que abarca una superficie de aproximadamente 24,5 mil hectaresas de tierras agrícolas, bosques y de construcción, más de 1,4 millones de metros cuadrados de instituciones oficiales, 145 mil metros cuadrados de edificios comerciales y 25 mil metros cuadrados de edificios habitacionales. La propiedad de 1.358 empresas, cuya privatización está a punto de finalizar, y que pertenecen a empresas serbias, se calcula en más de 1,5 mil millones de dólares. Tan sólo la propiedad de la Compañía Eléctrica de Serbia en la provincia sureña asciende a tres mil millones de euros, mientras que el valor de la Compañía Ferrocarrilera de Serbia y la infraestructura supera los 200 millones de euros. También es importante la riqueza minera. En Kosovo y Metohia hay 15,7 mil millones de toneladas de lignito, y esas reservas podrían explotarse durante dos siglos. Las reservas de zinc y plomo ascienden a aproximadamente 46 millones de toneladas. También son considerables las fuentes de agua y los yacimientos de la energía geotermal. Por lo tanto Kosovo y Metohia no es sólo la “cuna de la historia y espiritualidad serbia”, sino también un importante potencial energético y en materias primas en cuya infraestructura se ha invertido durante décadas.
Y por ultimo tenemos la cuestión del norte de Kosovo y Metohia y la posición de los serbios al sur del río Ibar. Después de varios intentos de Pristina de establecer el control en el norte de Kosovo y Metohia, contrario a todos los acuerdos alcanzados, y después de la anunciada supresión de la denominada “supervisión de la independencia”, también la cuestión del norte de la provincia se ha convertido en prioridad, porque los serbios de Kosovo y Metohia han dicho en el referéndum que no aprueban las instituciones albanesas y que la eventual retirada de los representantes internacionales del norte, encargados de la supervisión, no los obligará a tomar parte en dichas instituciones kosovares. También los expertos de la región coinciden en que es necesario cambiar el formato de las negociaciones. “Si el diálogo debe conducir a la normalización de la situación, entonces el proceso de Cooper, resulta ser un fracaso, evaluó el director del Instituto kosovar de Investigaciones Políticas y Desarrollo, Iljir Deda
Tomando todas esas circunstancias en consideración, tanto Belgrado como Bruselas, consideran que es indispensable levantar el diálogo al nivel político y el nuevo formato del diálogo tiene que se más abierto y transparente. “Si no se cambia de formato el proceso se encontraría en una especie de bloqueo lo que no está en el interés de ninguno de los participantes”, explicó el presidente del Centro belgradense para la Política Exterior, Aleksandar Joksimovic. En ese contexto mencionemos la declaración de Vuk Jeremic, el que dijo que “si existe disposición para tratar importantes cuestiones políticas, sobre éstas debe conversarse a un nivel más serio.”
