
Priština, centro administrativo de Kosovo y Metohija, hoy es uno de los lugares más hostiles en cuanto a la vida de los serbios. Ni una sola familia serbia no ha regresado a esta ciudad en 13 años transcurridos tras su expulsión y sus bienes se destruyen sistemática e ilegalmente de una manera que impide incluso la intención misma de regresar. Esta también fue la intención inherente a la reciente demolición de las casas de dos familias serbias que vivían en el centro mismo de Pristina.
El renombrado profesor universitario Tomislav Djokic, ex decano de la Facultad de Medicina, ha sido expulsado hace 13 años de su casa familiar en Pristina y su hogar hace poco ha quedado escombros. Lo derrumbaron, según afirma Djokic, sus vecinos para prevenir su retorno y en aras de adquirir fácilmente este solar atractivo. Djokic recuerda muy bien el día en el que tuvo que abandonar, junto con toda su familia, su ciudad natal y su hogar que inmediatamente después de su salida fue usurpado e ilegalmente habitado por sus nuevos inquilinos hasta el año de 2003, cuando la familia Djokic solicito la restitución de su inmueble ante la Dirección para viviendas y bienes. La Corte de la ONU decidió a su favor, pero, esta familia nunca ha logrado regresar, temiendo amenazas con muerte. “Las llaves de la casa logre llevar conmigo, pero, un poco después me informaron que las personas que ocupaban la casa antes de la resolución judicial, han roto las cerraduras e ingresaron otra vez en mi hogar”, dice Djokic y agrega que le llegaban mensajes y ofertas de toda índole, en las que se le recomendaba que “para él es mejor que las aceptara, tal como son, que encontrar algún día solo las huellas de la casa que considera suya” En aquel entonces no entendía bien estas ofertas. Hoy, si que se que es lo que significaban. De la casa tengo solo las huellas de cimientos, nos cuenta Djokic. Su casa en Pristina, al igual que su familia, tenían una historia de 200 años y no intentaba venderla.
Casi simultáneamente fue hecha ruinas la casa de la familia Vesic, cerca de la casa de los Djokic. En el lugar donde nacieron sus hijos ahora no hay ni un solo rastro que indicaría que en algún momento ahí estaba una casa. “No se que hacer ahora,” dice Djoka Vesic, “no podemos hacer una casa nueva en este lugar, porque obviamente no podemos vivir en este lugar. En esta casa yo vivía con mi familia mas de 45 años, hasta 1999, cuando nos obligaron abandonarla y cuando nos dieron a saber que no podemos regresar”. Después de la expulsión de los Vesic, una familia albanesa alquilaba esta casa a varios arrendadores, mientras que los Vesic vivían sin ingreso alguno en Gracanica, esperando volver algún día. Al desaparecer la casa, desapareció la esperanza.
