
Mil millones de espectadores gozaron el pasado viernes de la solemne inauguración de los Juegos Olímpicos en Londres, pero entre ellos casi no había norteamericanos. La red televisiva NBC Universal, la que pagó el monto record de 2,2 mil millones de dólares el derecho de transmitir la inauguración de los Juegos en EE UU, decidió desistir de la transmisión de espectáculo extravagante dirigido por Danny Boyle, para luego emitir una grabación postergada en la hora tope de 19.30, hora local. Mientras el resto del mundo observaba el espectáculo grandioso en vivo, los estadounidenses tenían que recurrir a canales ilegales en Internet para ver lo que sucedía en estado olímpico en Londres.
