
Hace ocho años, el 17 y 18 de marzo del año 2004 en la ola de violencia de los albaneses contra los serbios de Kosovo y Metohia, fueron asesinadas 19 personas, ocho serbios y 11 albaneses – asesinados por miembros de KFOR en defensa propia, y fueron heridas 954 personas, incluyendo decenas de miembros de las fuerzas internacionales. Más de 4.000 serbios y otros no albaneses fueron desterrados, aproximadamente 900 casas y 35 iglesias y monasterios ortodoxos fueron destruidos e incendiados, incluyendo los templos medievales como la Iglesia de la Virgen Maria en Prizren, que data del siglo 14. Étnicamente quedaron limpias seis ciudades y nueve aldeas, se profanaron muchos cementerios en Kosovo y Metohia, mientras que de las iglesias desaparecieron o se dañaron muchos iconos y otras reliquias eclesiásticas, así como partidas de nacimiento, y otros documentos que testimonian sobre la existencia centenaria de los serbios en estas tierras. El motivo del pogromo fue la campaña de los medios albaneses en la que se acusó a los serbios locales de que con perros obligaron a seis niños albaneses de una aldea próxima a Zubin Potok cruzar el río Ibar, y que en esa ocasión tres niños murieron. La investigación de la policía de UNMIK ha determinado que las acusaciones albanesas fueron falsas. Los representantes de la comunidad internacional evaluaron entonces que “la violencia étnica” cometida contra los serbios de Kosovo y Metohia “fue planificada y bien dirigida”, pero al final resultó que más de 20.000 miembros de las fuerzas internacionales no estaban preparados, o no querían frustrar ni impedir la realización de ese plan. Después del pogromo contra serbios, fueron detenidos 270 albaneses, la mayoría ha tenido que pagar multas, mientras que 67 fueron condenos a prisión.
