Creencia en el árbol santo – epígrafe

Otrora, en cada aldea serbia había un árbol – santuario. A ese árbol se denominada „ epígrafe “, porque en él se hallaba grabada la cruz y estaba consagrado. El árbol – epígrafe se erigía en el centro de la aldea y era el principal sitio para el culto. Su papel tenía importancia especial en los días de la celebración de la fiesta patronal de la aldea, cuando en ese lugar se congregaban los vecinos, lo mismo que lo hacen hoy día en la parroquia.

La fiesta en honor del santo – protector de la aldea revestía gran significancia para la comunidad. Su nombre proviene de los tiempos cuando la aldea había hecho el voto de que festejaría al santo que les ayudó a salvarse de las grandes tribulaciones. Los festejos comenzaban con una reunión junto al “epígrafe”, donde el sacerdote leía junto con los campesinos la oración. Entonces, se tallaba de nuevo la cruz en el mismo lugar donde se hallaba desde la antigüedad, y luego, después de dar tres vueltas en torno al árbol, ese lugar se rociaba con vino. La cruz tallada estaba en la parte occidental del “epígrafe”, de modo que quien estuviese parado frente a él, pudiese mirar hacia el este, como hacia el área del altar en la iglesia. Sólo después de hacerse al árbol la ofrenda de flores y frutos, partía una procesión haciendo rodeos a la aldea, ritual que se repetía junto a otros árboles, que se tenían por santos. Durante la procesión se pronunciaban oraciones invocando la protección de la aldea de enfermedades y calamidades, por que haya lluvias o se impida el granizo y otras inclemencias que por esos días afligían la aldea. Después de la procesión, los campesinos regresaban a la aldea, donde la fiesta continuaba con un convite y festejos.

A menudo había junto al árbol – epígrafe unas a manera de mesas, hechas de piedra o de madera, donde se depositaban las ofrendas. A veces el espacio en torno al árbol se rodeaba con una cerca de madera, o simplemente en ese sitio se colocaba una piedra. Ese espacio en Sumadija se llamaba atrio. Junto a la mesa de ofrendas se erigían edificaciones simples, lo que se practicaba sobre todo en Serbia oriental. Ellas se hallaban junto al árbol – epígrafe, no tenían muros, sino únicamente un pequeño techado, que cubría una mesa y los bancos. En este lugar se comía en los días de la fiesta patronal de la aldea.

Después de la II Guerra Mundial, celebrar la fiesta junto al “epígrafe” se había prohibido en algunas aldeas, de modo que el ritual se trasladaba al patio de la iglesia. Pero, la creencia de que será castigado cualquiera que profane el árbol – epígrafe y que le esperan grandes males, aún está muy presente en Serbia. Los estudios de los etnólogos sobre el terreno han mostrado que los campesinos saben aún hoy día qué árbol es el designado como “epígrafe”, y que casi todos se atienen a la regla de que a él esta prohibido herir de cualquier manera. También las investigaciones hechas en Serbia oriental, donde incluso no se toca la corteza que haya caído del tronco, muestran en qué medida está presente la veneración del árbol santo. En una aldea junto a Zajecar sucedió que nadie movió el árbol – epígrafe que había caído sobre el camino. Los campesinos de ese lugar se decidieron por desviar el camino, para que no se mueva el árbol.

Pese a que en la actualidad no se suele practicar la fiesta junto al “epígrafe”, las investigaciones de esta costumbre muestran lo importante que en otros tiempos era el espíritu de comunidad entre la gente. El árbol santo desempeñaba un papel importante tanto en la vida religiosa de la gente como en el plano social. En ese sitio otrora se llevaban a cabo juicios, porque se consideraba que en un lugar santo el hombre no podía mentir, y a la vez tenía la oportunidad de confesarse. Junto al “epígrafe” se celebraban asambleas y se decidía sobre cosas importantes para la comunidad. Así, según la creencia que aún se recuerda en Serbia, la Segunda Insurrección Serbia de 1815, se inicio junto a un roble – epígrafe, conocido con el nombre de “el arbusto de Takovo”.