LOS ”KRAJPUTAŠ”

Una de las curiosidades de Serbia son los ”krajputaš”, extraños monumentos funerarios que hay en las aldeas, en los patios de iglesia, en las encrucijadas y a la vera de los caminos. Esto último es lo que define el nombre de los ”krajputaš”, que quiere decir, más o menos, “junto al camino”. La mayoría de estas lápidas tumbales de piedra tallada datan del siglo XIV, y son verdaderas obras de arte y documentos de la vida en Serbia de aquellos tiempos.


El más famoso investigador serbio de los “krajputaš”, Radojko Nikolić, calificó este tesoro etnográfico como libros genealógicos esculpidos en piedra. Y ellos lo son efectivamente, puesto que a base de las inscripciones que en estos cenotafios se observan, se puede crear una fiel imagen de la vida del campesino y del guerrero serbio, de su familia, y a veces de un maestro cantero. La mayoría de los “krajputaš” se encuentran en Serbia Occidental y ya a primera vista podría caracterizarse este patrimonio arquitectónico como tipificado. Ante todo, debido a su aspecto, puesto que las lápidas, por lo general, tienen forma de u pilar simple, desde los alargados y esbeltos, finamente pulidos, hasta los rechonchos, desbastados burdamente en arenisco, piedra propensa a la erosión. De estas lápidas no han quedado mas que restos. .

Cada monumento es una pequeña historia privada, dado que llevan inscritos los datos biográficos del difunto: cuánto vivió, qué escuela estudió, a que pelotón del ejército perteneció, cuántas heridas sufrió y a quién dejó atrás. En la piedra se han apuntado también los deseos del difunto, su última voluntad y sus mensajes. La mayoría de los “krajputaš” se refieren a soldados, dado que en aquella época las guerras en Serbia eran frecuentes. Las características más frecuentes que del difunto se resaltan son la humanidad, la moralidad y el espíritu libertario. Estas son también las inscripciones más tristes, sobre todo las que datan de los tiempos de la I Guerra Mundial. En algunas regiones de Serbia, los epitafios de los ”krajputaš” están dedicados a mujeres difuntas, hecho especialmente curioso, puesto que en esa época en los medios patriarcales no era costumbre destacar los valores morales de la mujer. En general, los epitafios de los “krajputaš” se distinguen por los mensajes que llevan grabados, algunos llenos de humor, incluso jocosos, y otros tristes, o bien por los dichos y sentencias, inspirados en la sabiduría popular, a veces formulados en verso.

La representación de la imagen humana es lo más importante en las lápidas y a menudo ocupa toda la parte oriental de los ”krajputaš”, la contraria a aquella en la que se escribió la biografía. Las imágenes se presentan a menudo en atuendo nacional, y por ello representan una buena fuente para la investigación etnográfica. El rico material plástico también tiene un correspondiente valor simbólico. Por ejemplo, la vid, las uvas, las palomas, las flores, las hojas, son las características de los tiempos paganos y precristianos, mientras que la cruz, la crucifixión, los ángeles representan exclusivamente características cristianas. Estas lápidas se adornaron a menudo con diseños geométricos. En ellas dominan los colores y adornos que simbolizan la profesión del fallecido. Así, por ejemplo, la rueca simboliza la hilandera, la flauta a los muchachos, la flor a las muchachas, la escopeta al guerrero, y la trompeta al trompetista. Después del cincelado, los motivos se colorean - los rostros de blanco, el pelo y los ojos de negro, mientras que el fondo del monumento siempre es azul como el cielo. Por ello, el pueblo solía llamar estos cementerios “los campos coloridos”.

Sea como fuere, los “krajputaš”, monumentos funerarios erigidos junto al camino, son un buen material para el estudio de cultura de una época y de una región, pero también motivo de interés para los turistas